martes, 9 de marzo de 2010

Going To Alaska

He lives in misery
At least it’s what he feels
Nobody could help him

Don’t know what to do
Many times he lost his chance
It’s time to fly away

Goodbye to all he knows
He’ll never come back again
No-one is gonna miss him

And finally he realized
Alaska is she, she peace his mind
After all this lost years
Alaska is she, she’s all he wants

He's gonna leave her again!!

They’re lying on the grass
Her head in his breast
The blue sky above them

Leaves dance with the wind
Blackbirds sing in the trees
Could it be the real freedom?

This certain is paradise
He’s sure one lucky man
Alaska is in his shoulders

And finally he realized
Alaska is she, she peace his mind
After all this lost years
Alaska is she, she’s all he wants

He's gonna leave her again!!

domingo, 7 de marzo de 2010

All This Time (Six Days Six Strings)

All this time I’ve been down
But now that’s gonna change
Cause I’ll se your eyes today

All this time I’ve been down
Fighting with myself each day
Oh, a grey cloud in my mind…

All this time I’ve been down
I only was an empty man
Loneliness was my friend.

All this time I’ve been down
I didn’t know what love was
Untill that sunny day.

One day for note
And then together play a chord…

All this time I’ve been down
Darling don’t you understand?
You’re the one that make me free

All this time I’ve been down
But Your eyes, your smile, your lips
Made me hold on this way

All this time I’ve been down
Sweet child, Give me Six days of peace
And I’ll present you Six Strings

One day for note
And then together play a chord


miércoles, 24 de febrero de 2010

No ceiling.

Libertad. Absoluta y total libertad. La verdadera libertad. Era lo que siempre había deseado, lo único que le impulsaba a vivir y, por fin, la había conseguido. La sentía en lo más profundo de sus entrañas, otorgándole una energía y una lucidez mental que nunca antes había experimentado. Ahora sabía quién era, sabía lo que quería: Ir siempre un paso más allá, sobreponerse a los dificultades, superar lo desconocido. Se sentía salvaje, indómito, puro, fuerte... vivo. Saboreaba la libertad, que en esta ocasión era salada debido a las pequeñas gotas de mar que le llegaban con el vaivén de las olas. Oía la libertad, que hoy le brindaba una numerosa bandada de gaviotas. Observaba la libertad, con los grandes acantilados a sus espaldas. Todo aquello le resultaba soberbio, sublime, sobrecogedor, impresionante. El mundo estaba a sus pies. El horizonte tan solo era un muro que le cabía entre las cejas. Solo su sombra era capaz de seguirle el ritmo. Quería gritar y lo hizo.

- ¡PINK FLOYD! – su grito de guerra.

Meses antes había tenido que dejar todo atrás. Estudios, familia, amigos, novia… hasta su identidad. Ya ni recordaba el nombre que le habían puesto sus padres. ¿Era Martín, quizás?

Cualquier iluso le tacharía de insensible, de niñato caprichoso. Pero su punto de vista era radicalmente diferente. Si hubiera avisado a sus padres y amigos éstos se lo hubieran impedido. O, muy probablemente, nunca hubiese tenido fuerzas para dar la espalda a los preciosos ojos azules, bañados en lágrimas, del amor de su vida. Cualquier retrógrado conservador lo habría tomado por loco y, de hecho, nadie le tomó en serio cuando, suelta su lengua debido al alcohol, contaba sus anhelos a aquel que le quisiera escuchar. Sin embargo, únicamente ahora se sentía un hombre útil. Cada día se probaba a sí mismo. Cada día una nueva aventura. Cada día un nuevo desafío. Era apasionante.

Sólo él había conseguido escapar de la espiral de la que los demás seguían presos. Si alguna vez volvía, recomendaría que hicieran lo que él hizo. La sociedad era tan sólo un invento estúpido del hombre para encerrarse en sí misma. La excusa perfecta para culpar a todos sin señalar a nadie. La sociedad era un cáncer terminal del individualismo y el librepensamiento.

Desde aquella recóndita playa de la costa oeste de América, dedicó una sonrisa burlona a todos los que alguna vez había conocido. Les daba lástima. Todos como borregos, estudiando cosas inútiles, condenados luego a trabajar en profesiones que odian, vistiendo la misma ropa, comiendo en los mismos sitios, comprando objetos que no te llenarán. Compitiendo por tener una casa más cara que el vecino. Una tele más grande. Un coche más rápido. Un jardín más verde. Una esposa más bella. En definitiva, vivir una vida insípida y aburrida en la que nadie les recordará una vez sean pasto de los gusanos. Y todo por ser alguien en la vida.

¿Volver? ¡Já! Jamás volvería. Por fin había comenzado a vivir de verdad. El doloroso vacío en el pecho que había sentido desde que tenía uso de razón había desaparecido de una vez por todas. “¡Que se pudran!”. No pensaba volver. Él era Pink Floyd, era dueño de su propio destino y no necesitaba a nadie. A nadie.

Se dejó caer en la húmeda arena y observó asombrado el inmenso mar azul que se extendía ante él. ¿A dónde iría mañana? Ni él mismo lo sabía. El cielo era su límite.

Aún pasarían algunos años para que se diese cuenta, demasiado tarde, de que realmente sí necesitaba a alguien. Pero dejémosle ahora vivir tan intensa como ingenuamente. Porque “la felicidad solo es real si se comparte.”

a Supertramp.

martes, 9 de febrero de 2010

¿Buena o mala suerte?

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

- ¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien lo sabe

viernes, 8 de enero de 2010

La antigua balada.

"...De súbito se encontró con que algo en él latía más deprisa y que toda una serie de formas heriditarias, nunca aprendidas, le afloraban como por arte de magia. Las adoptó sin esfuerzo ni búsqueda, como si siempre hubieran sido suyas. Y cuando en las noches serenas y frías dirigía el hocico hacia alguna estrella y aullaba como un lobo, en él revivían sus antepasados, ya muertos y convertidos en polvo, apuntando a una estrella y aullando a través de los siglos. Y con ese lamento expresaban su pena y el significado que para ellos tenían el silencio, el frío y la oscuridad.

De esta forma, como prueba de lo poco que vale la educación, la antigua balada brotó en él, y Buck volvió a ser lo que debía ser. Y todo esto sucedió porque los hombres habían descubierto un metal amarillo en las tierras del Norte y porque Manuel era un ayudante de jardinero, aficionado al juego, que apenas ganaba lo suficiente para atender las necesidades de su mujer y su familia."


"The call of the wild" - Jack London

martes, 29 de diciembre de 2009

La persona del año.

Llega fin de año y, con él, los listados de la gente más importante. La idea, creo, es que los no importantes miremos las fotos de los importantes y nos maravillemos de su importancia. Este año, nos dicen, ha importado Barack Obama, porque ganó las elecciones y le regalaron un Nobel. Y ha importado Patxi López, porque perdió las elecciones pero se ganó a la derecha. Son importantes ciertos actores y actrices porque han hecho películas bien promocionadas, y es importante tal o cual deportista porque su deporte tiene share.

Estos días, las televisiones nos machacan con doce meses de imágenes yuxtapuestas. Y resulta que éste ha sido el año de Tamiflu y de SITEL, de los corruptos y los presuntos. El año que buscamos a Lorca y no lo encontramos. El año que los crucifijos se quedaron en las aulas, cuando la ciencia fue castigada en los presupuestos públicos y volvieron las máscaras antiglobalización. Cuando a Berlusconi le partieron la cara. El año en que la suave desaceleración económica dejó en las calles de nuestro país a más de cuatro millones de desacelerados trabajadores. El año en que se fusionó todo el mundo y Freixenet repitió anuncio en Navidad. El año en que 29 medios de comunicación murieron en España y con ellos, un poco, el periodismo.

Pero, sobre todo, éste ha sido el año en que te enamoraste o rompiste, cuando te acostaste con éste o aquélla, cuando le conociste, cuando nació o falleció. El año de aquel viaje, de aquella noche, el año que pasaste todo el año sin verle. El año en que las imágenes del año pasaron a tu alrededor sin tocarte. Igual que el anterior, el año que fuiste importante pero a ninguna lista le importó.

Feliz 2010.


"La persona del año." - José A. Pérez

domingo, 15 de noviembre de 2009

02:38

Llevaba rato mirando el techo. Mirando sin ver. La pequeña lamparita de su escritorio impedía que la noche cerrada del exterior invadiera también su habitación. Se levantó pesadamente de la silla y observó en derredor, buscando recuerdos, analizando las posibilidades, tratando de encontrar -en vano- alguna respuesta. Abrió el armario y, sin saber la razón, cogió su chaqueta favorita, herencia de su padre, y se la puso al hombro. Se calzó y abrió la puerta de su carto. Echó una ojeada al que había sido su hogar durante toda su vida. Todo en aquel lugar permanecía inalterable al paso del tiempo. Los mismos mueblos, las mismas fotos, los mismos olores.. todo.

Salió de su casa por la puerta del garaje, como había hecho siempre. Antes de cerras se dio cuenta de que las llaves habían quedado olvidadas en algún rincón de su cuarto. No importaba realmente, donde iba no las necesitaría.

Cerró.

Fuera, noche cerrada. Una fresca y suave brisa le mecía el pelo y le obligó a abrigarse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad se percató de que había una multitud de estrellas rodeándole y celebrando su encuentro. "¡Qué ironía!" -sonrió- "noche cerrada"..