martes, 29 de diciembre de 2009

La persona del año.

Llega fin de año y, con él, los listados de la gente más importante. La idea, creo, es que los no importantes miremos las fotos de los importantes y nos maravillemos de su importancia. Este año, nos dicen, ha importado Barack Obama, porque ganó las elecciones y le regalaron un Nobel. Y ha importado Patxi López, porque perdió las elecciones pero se ganó a la derecha. Son importantes ciertos actores y actrices porque han hecho películas bien promocionadas, y es importante tal o cual deportista porque su deporte tiene share.

Estos días, las televisiones nos machacan con doce meses de imágenes yuxtapuestas. Y resulta que éste ha sido el año de Tamiflu y de SITEL, de los corruptos y los presuntos. El año que buscamos a Lorca y no lo encontramos. El año que los crucifijos se quedaron en las aulas, cuando la ciencia fue castigada en los presupuestos públicos y volvieron las máscaras antiglobalización. Cuando a Berlusconi le partieron la cara. El año en que la suave desaceleración económica dejó en las calles de nuestro país a más de cuatro millones de desacelerados trabajadores. El año en que se fusionó todo el mundo y Freixenet repitió anuncio en Navidad. El año en que 29 medios de comunicación murieron en España y con ellos, un poco, el periodismo.

Pero, sobre todo, éste ha sido el año en que te enamoraste o rompiste, cuando te acostaste con éste o aquélla, cuando le conociste, cuando nació o falleció. El año de aquel viaje, de aquella noche, el año que pasaste todo el año sin verle. El año en que las imágenes del año pasaron a tu alrededor sin tocarte. Igual que el anterior, el año que fuiste importante pero a ninguna lista le importó.

Feliz 2010.


"La persona del año." - José A. Pérez

domingo, 15 de noviembre de 2009

02:38

Llevaba rato mirando el techo. Mirando sin ver. La pequeña lamparita de su escritorio impedía que la noche cerrada del exterior invadiera también su habitación. Se levantó pesadamente de la silla y observó en derredor, buscando recuerdos, analizando las posibilidades, tratando de encontrar -en vano- alguna respuesta. Abrió el armario y, sin saber la razón, cogió su chaqueta favorita, herencia de su padre, y se la puso al hombro. Se calzó y abrió la puerta de su carto. Echó una ojeada al que había sido su hogar durante toda su vida. Todo en aquel lugar permanecía inalterable al paso del tiempo. Los mismos mueblos, las mismas fotos, los mismos olores.. todo.

Salió de su casa por la puerta del garaje, como había hecho siempre. Antes de cerras se dio cuenta de que las llaves habían quedado olvidadas en algún rincón de su cuarto. No importaba realmente, donde iba no las necesitaría.

Cerró.

Fuera, noche cerrada. Una fresca y suave brisa le mecía el pelo y le obligó a abrigarse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad se percató de que había una multitud de estrellas rodeándole y celebrando su encuentro. "¡Qué ironía!" -sonrió- "noche cerrada"..

lunes, 28 de septiembre de 2009

Ícaro

Los sueños se vuelven en contra tuya y nunca se cumplen, las personas no son como creías, los amores no son para siempre. Das más que recibes, si es que alguna vez tienes la dicha de recibir. Por mucho que aparezca en las películas, el esfuerzo y la entrega no valen la pena ya que nunca son suficientes. Confiar ciegamente en alguien solo trae problemas. Caminar no siempre te lleva a un destino. Hay alas que no sirven para volar. Sentarte y llorar no sirve de nada y prometer que lucharás por cambiar tampoco. El orgullo y la envidia te pudren las entrañas. Nada es tan bonito como parece y nos pasamos nuestra existencia deseando estar en otro lugar, con distinta compañía, o incluso ser otro. Te peleas con todos tarde o temprano. Te decepcionan y decepcionas. Muchos hombres y mujeres han escrito sobre cómo se debe mejorar y no hacemos caso. Nos advierten, pero preferimos caer una y otra vez con la misma piedra para no tener que seguir caminando. Perdemos la vida buscando - o creando - recuerdos de un pasado que siempre parece mejor.

Todo eso lo sabemos, sin embargo…

Hay unos pequeños momentos de lucidez, momentos que no esperas… A veces ni los deseas. Pero ahí están. Llegan, te atrapan y te hacen sentir las cosas de otro modo, radicalmente opuesto. Te sacan del pozo de la mediocridad y planeas por unos instantes entre las nubes de la superioridad. Te llenan de ingenuidad y de ganas de seguir con el sin vivir. Pequeñas etapas que te hacen decir tonterías, que te embriagan de poder, de resolución, arrogancia y determinación. La Gloria, con mayúsculas... MI Gloria.

¿Merece la pena sacrificar toda tu vida por uno de esos momentos? Claro que sí. Concluir tu existencia haciendo las cosas a tu modo. Con la soberbia de un ganador nato. Dar tu último golpe contra la mesa. Como un zorro acorralado que no tiene nada que perder, pero todo por ganar. Morir triunfando. Porque no nos engañemos, jugamos para ganar. El que se conforma con la mera participación es simplemente un hipócrita redomado o un perdedor crónico. Decidir cómo, cuándo y dónde morir… Ésa es la mayor grandeza del raciocinio humano, la mayor libertad posible. Que nadie te convenza de lo contrario, o te convertirás en un perdedor más: En un hombre gris como los creados por Michael Ende en Momo. Mira a tu alrededor, seguramente ya te estarán rodeando… ¿Querrás caer con ellos? Yo no.

Merece la pena, desde luego. Y tarde o temprano llegará mi momento, me preparo para ello desde que nací (más falsas esperanzas).

Y como colofón idóneo para remarcar mi adorable estupidez, mi desdichada soledad en este mundo de solitarios, creo la cita por la que me recordarán ahora y para siempre:

"Aunque fuera por un instante, Ícaro ganó al Sol."

PD: Escrito cuando tenía 15 años. Es curioso ver cómo aunque nada es igual, nada ha cambiado.Vuelvo por casualidades del destino. Quién sabe si volveré a pasar por aquí alguna vez.