Todo eso lo sabemos, sin embargo…
Hay unos pequeños momentos de lucidez, momentos que no esperas… A veces ni los deseas. Pero ahí están. Llegan, te atrapan y te hacen sentir las cosas de otro modo, radicalmente opuesto. Te sacan del pozo de la mediocridad y planeas por unos instantes entre las nubes de la superioridad. Te llenan de ingenuidad y de ganas de seguir con el sin vivir. Pequeñas etapas que te hacen decir tonterías, que te embriagan de poder, de resolución, arrogancia y determinación. La Gloria, con mayúsculas... MI Gloria.
¿Merece la pena sacrificar toda tu vida por uno de esos momentos? Claro que sí. Concluir tu existencia haciendo las cosas a tu modo. Con la soberbia de un ganador nato. Dar tu último golpe contra la mesa. Como un zorro acorralado que no tiene nada que perder, pero todo por ganar. Morir triunfando. Porque no nos engañemos, jugamos para ganar. El que se conforma con la mera participación es simplemente un hipócrita redomado o un perdedor crónico. Decidir cómo, cuándo y dónde morir… Ésa es la mayor grandeza del raciocinio humano, la mayor libertad posible. Que nadie te convenza de lo contrario, o te convertirás en un perdedor más: En un hombre gris como los creados por Michael Ende en Momo. Mira a tu alrededor, seguramente ya te estarán rodeando… ¿Querrás caer con ellos? Yo no.
Merece la pena, desde luego. Y tarde o temprano llegará mi momento, me preparo para ello desde que nací (más falsas esperanzas).
Y como colofón idóneo para remarcar mi adorable estupidez, mi desdichada soledad en este mundo de solitarios, creo la cita por la que me recordarán ahora y para siempre:
"Aunque fuera por un instante, Ícaro ganó al Sol."
PD: Escrito cuando tenía 15 años. Es curioso ver cómo aunque nada es igual, nada ha cambiado.Vuelvo por casualidades del destino. Quién sabe si volveré a pasar por aquí alguna vez.